LA CONSULTA
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LA CONSULTA
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Cuando el daño ya está hecho. Y sigue...
Después de las miradas, las mediciones y el juicio, el cuerpo entra solo en la consulta. Llega con miedo, con vergüenza y con una historia que rara vez se escucha completa. No viene a pedir opinión, viene a pedir ayuda. Pero muchas veces recibe sospecha.
La gordofobia también habita en este espacio. Se filtra en preguntas que no se hacen a otros cuerpos, en diagnósticos apresurados, en síntomas minimizados o directamente ignorados. Todo parece tener la misma causa. Todo se reduce al peso. Como si el cuerpo fuera un problema único y evidente que explica cualquier malestar.
Esta violencia no siempre grita. A veces se expresa en silencios, en retrasos, en pruebas que no se solicitan, en tratamientos que no llegan. En cuerpos a los que se les pide adelgazar antes de ser atendidos. En personas que dejan de ir al centro de salud porque saben lo que les espera.
Las consecuencias son profundas. Aumenta la ansiedad, se cronifica la culpa, se rompe la confianza en el sistema sanitario. La salud mental se resiente, la salud física también. No por el peso, sino por el estigma. Por la violencia sostenida en el tiempo. Por la sensación constante de estar fallando. De estar en el cuerpo equivocado.
Esta consulta no es una excepción. Es el resultado lógico de todo lo anterior. Cuando un cuerpo aprende que siempre será juzgado, acaba callando. Y cuando un cuerpo calla, el daño se multiplica. Aquí no se trata de responsabilizar a profesionales individuales, sino de señalar un sistema que ha normalizado la deshumanización de ciertos cuerpos. Porque sin escucha no hay cuidado. Y sin cuidado, no hay salud posible.
Aquí el cuerpo no habla, es mirado. Porque antes de cualquier diagnóstico, antes de cualquier consejo, antes incluso de que alguien diga una palabra, el cuerpo ya ha sido leído. Medido. Evaluado.
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