EL LABORATORIO
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EL LABORATORIO
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Cuando la ciencia deja de mirar y empieza a medir
Aquí el cuerpo deja de ser persona y se convierte en un maldito objeto de estudio.
Gráficos, índices y diagnósticos prometen ser neutrales. Se les mira como serios, científicos, indiscutibles. Pero no son inocentes. El peso se mide, se clasifica y se corrige como si fuera un error individual, mientras se esconden bajo la bata blanca los determinantes sociales, culturales y económicos que atraviesan la salud.
Durante décadas, un discurso médico dominante: la gordura está mal. Ser tú, está mal. Hay que arreglarte. Explicaciones simplistas, reduccionistas, incompletas. Y, casualmente, ese relato ha arrasado insistentemente con las mujeres.
El Índice de Masa Corporal (IMC), elevado a verdad sagrada, etiqueta cuerpos, justifica intervenciones invasivas y legitima la vigilancia constante. Una fórmula matemática usada para jerarquizar cuerpos que reproduce una lógica eugenésica que sentencia los cuerpos que van a ser rechazados.
Cuando la ciencia no se revisa, también reproduce estigma. La gordofobia se cuela en consultas, protocolos y recomendaciones con "buenas intenciones". Y, como fatal consecuencia, afecta al acceso a la atención sanitaria, a la relación con el propio cuerpo y, paradójicamente, a la salud. Todo muy medido. Todo muy científico. Todo muy cuidadoso. Todo muy dañino.
Este laboratorio no busca negar la ciencia. Al contrario, se la toma muy en serio. La mira de frente, cuestiona sus sesgos y recuerda algo incómodo pero fundamental: ningún dato es neutral cuando se aplica sobre cuerpos concretos.
Medir no es comprender. Diagnosticar no es cuidar.
En los recursos encontraras una ponencia de la nutricionista mexicana Raquel Lobatón que desmonta la supuesta validez del IMC y explica su origen. Spoiler: no sirve.
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